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    La tragedia que marcó para siempre a Antonio Grimau y Leonor Manso: la muerte de su hijo

    Un recuerdo doloroso volvió a poner en primer plano la búsqueda de 34 días que atravesaron el actor y Leonor Manso.

    Antonio Grimau
    Antonio Grimau

    (Buenos Aires).- “Fue desesperante”, dijo Antonio Grimau al recordar la muerte de su hijo. El actor murió el martes 20 de octubre de 2026, a los 82 años, y la historia de Lucas, fruto de su relación con Leonor Manso, volvió a poner en primer plano una tragedia que atravesó su vida.

    Lucas murió en 2010, a los 36 años, después de desaparecer mientras atravesaba una adicción a la cocaína. Durante 34 días, Grimau y Manso lo buscaron sin saber dónde estaba ni qué había ocurrido con él. El joven fue encontrado en la morgue del Hospital Fernández; su cuerpo había ingresado como NN en una morgue policial.

    Lucas figuraba como Lucas Antonio Rebolini, mientras que su padre era conocido artísticamente como Grimau. La diferencia entre los apellidos dificultó que las autoridades y los medios asociaran de inmediato el caso con el actor, y demoró la identificación del joven. Para Grimau y Manso, el hallazgo puso fin a la búsqueda y dio inicio a un duelo que el actor describió como un dolor que debió asumir durante toda su vida.

    Durante mucho tiempo, Grimau evitó hablar públicamente de la muerte de Lucas. Cuando decidió hacerlo, recordó el vínculo que los unía: “Me rehúso a hablar del tema, pero sí, fue un momento en donde creí que estaba todo terminado. Con Lucas, mi único hijo varón, tenía una relación particularmente hermosa. Lo perdí… pero sigue estando en mí con anécdotas en común y mucha vida transitada juntos”. Sobre el impacto de la pérdida, también dijo: “Fue desesperante. Pero así fue. Hubo que asumir ese dolor… de por vida“.

    Al hablar de los intentos de ayudar a su hijo, Grimau destacó el esfuerzo que compartió con Manso y la impotencia ante el desenlace. “Se hizo absolutamente todo lo posible, tanto Leonor como yo, y no hubo manera. Esa maldita droga tiene, en muchos casos, la imposibilidad de salvarlos”, sostuvo. En esas palabras describió la angustia de no haber podido evitar la muerte de Lucas.

    Grimau también rescató los rasgos de su hijo más allá de la tragedia y recordó su inclinación artística: “Era una persona alegre, contenta, muy angelada y talentosa. Era músico”. Al intentar explicar cómo entendía la sensibilidad de Lucas, reflexionó: “Creo que Lucas ya no era de este mundo: su personalidad hipersensible no tenía nada que ver con un mundo tan cruel. No soportó muchas cosas, y la salida fue la peor, pero tal vez fue el único camino que pudo encontrar”.

    Antonio Grimau buscó acompañar con sus palabras a otros padres que atravesaban una pérdida semejante. “Es difícil acercar una palabra, salvo el acompañamiento en ese dolor, porque es algo irreparable”, respondió cuando le preguntaron qué podía decirles. Luego recordó una frase que le había transmitido su terapeuta y la trasladó a la muerte de un hijo: “Y lo mismo pasa con los hijos. Es así de tremendamente doloroso, y hay que arrastrarlo de la mejor manera”. Con una extensa carrera en teatro, cine y televisión, Grimau siguió trabajando durante décadas; al resumir lo que la pérdida significó para él y Manso, la definió como “Muy, muy terrible… e irreparable”.

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