(Buenos Aires).- “Una valiente”, escribió Marisa Brel sobre su hija Paloma en redes sociales antes de contar, en Cortá por Lozano, de Telefe, cómo la joven advirtió el sufrimiento de Valentín Yankelevich y se animó a hablarlo. La intervención llevó a la periodista a llamar al abuelo del joven.
En la entrevista, Brel dijo que había notado a Paloma angustiada, aunque al principio no le explicaba el motivo. “Valentín subía a Snapchat cosas muy oscuras y yo la veía a Paloma muy mal, que lloraba por su amigo, pero no me contaba”, relató.
El punto decisivo llegó cuando Paloma le contó lo que Valentín había publicado. “Hasta que un día, me contó que Valentín había publicado que quería irse con la mamá. Con esta situación, decidí llamarlo a Gustavo”, recordó Marisa Brel. La publicación le permitió entender por qué Paloma estaba angustiada y la llevó a buscar al abuelo del joven.
Brel contó que se reunió con Gustavo Yankelevich y le relató lo que sabía. “Ella tuvo la valentía de contármelo. Era muy difícil, me reuní con él, le conté todo. Él se transformó, le cayeron un montón de fichas y me dijo que no había más tiempo”, dijo en el programa. La periodista se emocionó al recordar la conversación.
El proceso judicial se inició tras la denuncia contra Darío Giordano, y Brel contó que ella y Paloma declararon ante la Justicia durante esa instancia. El relato de Valentín se refería a episodios de violencia física y psicológica que habría sufrido por parte de su padre después de la muerte de Romina Yan.
Por qué Valentín Yankelevich tardó 12 años en contar su historia
Este lunes, Gustavo Yankelevich habló públicamente del tema en Intrusos, por América TV, y explicó por qué los jóvenes no habían contado antes lo sucedido. “Los chicos hubieran querido hablar desde el primer día”, dijo, aunque señaló que les pidió a Rodrigo Lussich y Adrián Pallares que no difundieran la información para preservar a los jóvenes y permitir que “la Justicia pudiera manejarse libre del tema mediático o público”. En los primeros meses, le otorgaron la tenencia de Franco y Valentín durante tres meses; sobre el seguimiento, resumió: “monitoreaban todos los días”. “Íbamos a tribunales y entonces no podíamos hablar, no se podía decir, aunque los chicos tenían ganas de decir su verdad, que era la verdad”, expresó, y consideró que hacer público lo que sucedía entonces “hubiera sido un desastre”.
El motivo para esperar fue que Azul terminara el colegio, explicó Gustavo, quien resumió: “…Y por eso no se habló, hasta que Azul no terminara el colegio”. La tenencia definitiva llegó cuando ya habían pasado tres años y medio; Franco tenía 18 años y Azul seguía en el colegio. Gustavo añadió que Azul había terminado el colegio un año y medio antes y que, en ese momento, vivía y estudiaba en Estados Unidos. Según su relato, Franco y Valentín hablaron con ella y le dijeron: “mirá, nosotros tenemos necesidad de contar nuestra historia”. Gustavo afirmó que Azul los entendió.
