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    “No tenía escapatoria”: el hijo de Romina Yan sobre la violencia que sufrió en su infancia

    Un relato estremecedor sobre una infancia marcada por el maltrato y el apoyo decisivo de su abuelo.

    Romina Yan
    Romina Yan

    (Buenos Aires).- “Mi abuelo Gustavo me salvó la vida”, dijo Valentín, hijo de Romina Yan, al recordar la violencia física y psicológica que contó haber sufrido durante su infancia. El testimonio, publicado el 11 de octubre de 2026, también reconstruyó cómo Gustavo Yankelevich intervino para que él y su hermano Franco dejaran de vivir con su padre, Darío Giordano.

    Romina Yan murió el 28 de septiembre de 2010, cuando Valentín tenía siete años. Después de esa muerte, recordó, Giordano les prometió que protegería a la familia y que saldrían adelante juntos. Valentín contó que, cuando tenía nueve o diez años, él y Franco empezaron a sufrir agresiones constantes; el colegio se convirtió en un refugio porque allí podía pasar el día sin volver a su casa. “Eran golpes, gritos, maltrato. A mí nunca me gustó estudiar. Ahora, las ocho horas que yo pasaba en el colegio eran las mejores ocho horas del día porque no volvía a mi casa”, expresó.

    Valentín describió episodios concretos que dijo haber vivido en su casa: “Desde agarrarme de los pelos, llevarme por la escalera, pegarme, dejarme encerrado en el cuarto, traerme la comida cuatro horas después fría, apoyarla en el piso, ‘tomá, comé’”. Al explicar las consecuencias, comparó el dolor físico con las marcas que, según él, quedaron por el maltrato psicológico. “El golpe físico tiene un dolor efímero. Te duele y ya está. Pero lo que te queda adentro es el maltrato psíquico y psicológico”, sostuvo.

    Valentín recordó la intervención de Gustavo Yankelevich

    Valentín también explicó por qué no reconoce a Giordano como figura paterna: “Yo no le digo papá porque él no cumplió ese rol”. Según contó, él y Franco intentaron hablar con sus abuelos paternos, pero ellos no dimensionaron al principio la gravedad de lo que pasaba. Gustavo Yankelevich advirtió la angustia de su nieto. Solía llevar a sus nietos a almorzar de manera individual cada semana y decidió intervenir después de notar ese estado.

    Un viernes, Valentín y Franco fueron al colegio con algo de ropa guardada en sus mochilas. Al salir de clases, su abuelo los acompañó a la Justicia sin avisarle a Giordano. Al recordar la llegada, Valentín citó el pedido que hizo a las mujeres que tomaban la denuncia: “Por favor no nos manden de nuevo a mi casa. No podemos estar más ahí”. “Se lo dije a dos chicas que nos tomaron la denuncia. Y gracias a Dios nos escucharon y ahí cambió mi vida”, relató.

    Desde ese día, de acuerdo con el relato de Valentín, los hermanos no volvieron a vivir con Giordano. Después de un proceso judicial largo, que incluyó una apelación del padre, quedaron definitivamente bajo el cuidado de su abuelo materno. Valentín le atribuyó a Gustavo un lugar decisivo y expresó: “Mi abuelo Gustavo me salvó la vida. Él me devolvió la vida… Nos dio lo único que necesitábamos que era amor”.

    Al cumplir 18 años, Valentín cambió legalmente su apellido y adoptó el de su familia materna. “Del día uno quería cambiarme el apellido. Me hacía mal. Fue una gran decisión también en honor a mi abuelo, mi verdadero padre”, explicó. A sus 23 años, compite en el TC2000 y cuenta con el acompañamiento de su abuelo en cada carrera. Al describir su presente, contrastó aquella infancia con su vida actual: “De ese nene que no quería vivir a donde estoy hoy, con tener ganas de vivir ya es una victoria, imaginate. Y hoy todo lo que logré, mis amigos, mi novia, yo soy muy feliz”.

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