(Buenos Aires).- “En casa de mis papás está este cuadro de Pampa. Lamento que me duela tanto pensarla. Me pasa con todos los que se mueren. No puedo resignificarlo. ‘Me quedo con lo lindo’ y por eso me duele, porque no lo tengo más. Porque lo extraño”, escribió Nati Jota en sus historias de Instagram. La conductora publicó la imagen de un retrato de la perra que la acompañó durante la adolescencia y compartió una reflexión que conmovió a sus seguidores.
Jota contó que el cuadro está en la casa de sus padres y confesó que todavía le cuesta procesar la pérdida. “Me da culpa no haber estado tan presente los últimos años: fue mi perra de la adolescencia, hasta que me fui a vivir sola”, sumó. En ese mismo mensaje, Nati Jota destacó que la mirada dulce de Pampa quedó “perfectamente captada” en la pintura, aunque enfrentarse a ese retrato reactiva un dolor que no logra resignificar.
La conductora también recuperó los pequeños rasgos cotidianos que el paso del tiempo amenaza con borrar. “Las canitas. Las orejitas trapito. Los ojos tristes pero sin lo triste. Lo atolondrada. Que no se ve. Que me voy olvidando lo que no captan las fotos. Qué tanto ladraba. Su andar”, detalló. Enumeró esas marcas mínimas que convivieron con ella durante años y que ahora sobreviven apenas en la memoria, porque ninguna cámara las registró.
Esa enumeración reflejó el temor a que se desvanezcan los detalles que no siempre capturan las fotos: el andar, los ladridos, la torpeza de un animal que fue familia. Nati Jota ya había hablado en otras oportunidades sobre la importancia que tienen los animales en la vida familiar, pero esta vez mostró una faceta más íntima del duelo, al exponer la culpa que le genera haberse ido a vivir sola y no haber estado tan presente en los últimos años de Pampa.
Con el posteo del cuadro y las palabras que lo acompañaron, la influencer dejó en evidencia que todavía no encuentra la forma de transitar la ausencia sin que cada recuerdo le duela.
“Me quedo con lo lindo y por eso me duele, porque no lo tengo más”, insistió, en una frase que condensa la paradoja del duelo que describió en sus historias.
Con esta reflexión sobre Pampa, Nati Jota selló el amor que demuestra a diario por su actual mascota, Olivia, y dejó en evidencia que la perra de su adolescencia sigue ocupando un lugar central en sus recuerdos, incluso en la casa donde ya no vive pero donde el cuadro sigue colgado.
