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Oriana Junco y su vida después de Aníbal Lotocki: “El destino está marcado”

La modelo se mostró arrepentida y preocupada por el material que el médico le implantó, al que calificó como una “bomba de tiempo”.

Oriana Junco
Oriana Junco

(Buenos Aires) Oriana Junco volvió a hablar del calvario que atraviesa desde hace años por las secuelas que le quedaron tras atenderse con Aníbal Lotocki, hoy preso, y puso el foco en cómo convive hoy con ese daño en el cuerpo. Lejos de centrarse solo en el expediente judicial, Oriana Junco expuso el costado más íntimo del drama: el impacto emocional de tener que explicar una y otra vez qué le pasa, el miedo a lo que pueda venir y una mirada fatalista con la que intenta sobrellevar la incertidumbre.

Cómo vive hoy Oriana Junco

La mediática dejó en claro que el golpe no es solo físico. “No me voy a poner a llorar, pero claro que me pone mal”, reconoció al hablar de las secuelas que arrastra. En su caso, el padecimiento no se resume a estudios médicos o controles: también incluye la incomodidad de convivir con un cuerpo alterado y tener que mostrar lo que le pasa para que los demás comprendan la dimensión del problema.

Ese costado íntimo aparece, sobre todo, cuando tiene que explicar lo que no siempre se ve a simple vista. “Tenés que explicarle a alguien: ‘tocame acá, mirá lo que pasa’”, contó, al describir la manera en la que intenta mostrar las reacciones y deformaciones que le dejaron los granulomas. Según relató, hay zonas del cuerpo donde las secuelas todavía no son tan evidentes para el resto. “Por ahora no se dan ni cuenta”, señaló, en una frase que deja ver la mezcla de alivio, angustia y temor con la que atraviesa el presente.

El impacto físico y emocional

En el caso de Oriana Junco, el daño no se limita a una molestia estética. Con el paso del tiempo, las consecuencias de aquellas intervenciones se convirtieron en una carga física y mental que reaparece cada vez que tiene que revisarse o enfrentarse a la posibilidad de que el cuadro empeore. La angustia, según dio a entender, no está solo en lo que ya ocurrió, sino también en la incertidumbre de no saber qué puede pasar más adelante con esas secuelas.

A esa sensación se suma una idea resignada con la que intenta darle sentido a lo que le tocó vivir. “El destino está marcado”, lanzó, al explicar cómo procesa hoy su historia con Lotocki. Y fue todavía más lejos con una frase que expone su costado más fatalista: “Si te tiene que pasar algo, te va a pasar”. En esas palabras, Oriana Junco condensó una mezcla de bronca, cansancio y aceptación forzada frente a un proceso que no eligió, pero que la acompaña desde hace años.

El resumen de su caso con Lotocki

La mediática fue una de las tantas famosas que en su momento se atendieron con Aníbal Lotocki, el cirujano hoy detenido y condenado en distintas causas vinculadas a lesiones y mala praxis. Durante años lo defendió porque, según contó, no tenía síntomas y mantenía con él una relación de cercanía y confianza. Sin embargo, con el tiempo comenzaron a aparecer complicaciones que la obligaron a hacerse estudios y a revisar todo lo vivido.

Fue entonces cuando Oriana Junco empezó a advertir que aquello que parecía no haber dejado consecuencias sí podía manifestarse muchos años después. En distintas entrevistas explicó que le detectaron granulomas y que parte de ese material migró en su cuerpo, una situación que la puso en alerta y la sumó al listado de pacientes que denuncian secuelas tardías. Hoy, con Lotocki preso, su historia ya no está contada desde la defensa de otro tiempo, sino desde el desgaste de una mujer que intenta convivir con un daño que, según admite, la sigue afectando por dentro y por fuera.