(Buenos Aires).- “No lo dejé, no lo dejé”. La frase es de Ekaterina Ojeda, la joven de 22 años que quedó en el ojo de la tormenta después de que Mauro Icardi intentara besarla en un boliche de la costanera porteña ante la mirada furiosa de la China Suárez. Este martes, Ojeda rompió el silencio en diálogo con Intrusos (América TV) y buscó despegarse de cualquier interés por el futbolista.
La entrevista, conseguida por un cronista que la interceptó a la salida de un local, arrancó con el episodio que desató el escándalo. Ekaterina Ojeda confirmó que Icardi le dio “charla normal, de boliche”, pero cuando el periodista le preguntó si el delantero quiso besarla, ella fue directa: “No lo dejé, no lo dejé”. Y enseguida puso un límite: “No, no puedo contar más”, dijo por un lado, y “no los quiero perjudicar”, agregó.
La presencia de la China Suárez cambió el clima por completo. Según el relato de la joven, la actriz llegó al VIP después que ellas y, al ver la escena, se puso visiblemente molesta. “Y supongo que sí. Supongo que sí, estaba enojada”, contó Ekaterina Ojeda, aunque evitó cargar las tintas contra ella. “Quizás con él, no sé si conmigo”, agregó, dejando abierta la interpretación de a quién apuntaba realmente el disgusto.
Lo que más le importó aclarar a Ekaterina Ojeda fue su total desinterés por la fama ajena. “Lo único que yo no soy fan. Se anda diciendo que soy fan, no soy fan, no sé ni dónde juega. Sé que en Turquía por todo el quilombo”, disparó, en referencia a los constantes conflictos mediáticos entre Icardi y Wanda Nara.
La aclaración no fue pedida por el entrevistador: surgió espontánea, como si ese punto en particular le pesara más que el resto del episodio.
Ekaterina Ojeda y su grupo de amigas decidieron abandonar el boliche antes de que la tensión fuera a mayores. “Por las dudas, sí”, justificó. Y cuando el cronista le preguntó si la China “es brava”, la joven de Garín –estudiante de Diseño Industrial en la UBA– cerró la nota con una sonrisa y una definición sin retoques: “Y se sabe, ¿o no?”.
La irrupción de Ekaterina Ojeda en la conversación pública expuso los vaivenes de un bajo perfil forzado a volverse viral. Hasta antes del escándalo, su vida transcurría entre cursadas y trabajos temporales, con un puñado de fotos junto a amigas en un Instagram que apenas arañaba los 5.000 seguidores. Por ahora, ni Icardi ni la China Suárez salieron a responder sus dichos.