Gran Hermano arrancó una semana clave con el presupuesto semanal otra vez en el centro de la escena y la comida como principal foco de tensión. La producción anunció un nuevo recorte en las compras y ese ajuste transformó la administración de los insumos básicos en un campo minado. Las chispas no tardaron en saltar y los roces que ya existían se volvieron abiertos enfrentamientos.
La pelea más explosiva la protagonizaron Yanina Zilli y Tamara Paganini. Lo que empezó como una discusión por la temperatura de las habitaciones escaló rápido con acusaciones durísimas. En medio del griterío una de las dos lanzó: “No soy una perra ni una resentida como vos”. La disputa encendió el stream y dejó expuestas alianzas que hasta ahora se mantenían en susurros.
En paralelo, Andrea del Boca volvió a ser noticia dentro de la casa. Después de su segunda caída en la cocina, la actriz recibió un regalo simbólico de la producción y reaccionó con una frase que mezclaba ironía y fastidio: “Mañana hago limpieza”. Pero lo que más ruido hizo fue la grave acusación que lanzó contra una compañera. Según sus palabras, esa participante “jugó con mi salud”, un señalamiento que puso aún más temperatura al clima de sospechas y reproches cruzados.
La combinación de restricciones y convivencia forzada empuja a los jugadores a cuestionar cada consumo ajeno. Aunque las peleas más recientes tuvieron otros detonantes —la temperatura, las caídas de Andrea, viejos rencores— el hambre y la escasez de comida funcionan como una mecha que potencia cualquier diferencia. En las redes, los seguidores del reality no tardaron en señalar que la comida vuelve a ser un arma silenciosa del juego, tal como marcó a fuego otras ediciones históricas del formato.
A horas de una nueva gala de nominación, la casa amanece partida en bloques cada vez más definidos. Las broncas acumuladas y las estrategias de desgaste se cocinan a fuego lento junto a la olla vacía.